
Confieso absolutamete convencido que el hecho de haber crecido en la zona rural hace que este identificado con las cosas limpias, el orden, la pureza del aire, los sabores deliciosos de una comida preparada en casa, la paz y tranqulidad para dormir y dscansar, la comodidad de moverme en cualquier espacio en libertad…El campo, la naturaleza, el sonido del agua, la lluvia, el sol, el olor de la mañana y el sembrar para siempre cosechar; me tranquilizan, me traen sosiego, me generan reflexiones…Eso hace que al contemplar la belleza de nuestros paisajes (Mojanda, San Pablo, La Cascada de Peguche, Taxopamba…) me provoque un profundo sentimiento de pena, impotencia y rechazo a pensar que nuestro paisaje natural sea peor que cualquier chiquero desordenado sucio y ediondo. Más alla de cualquier postura ecologista que es respetable a mi me provoca vergüenza y soberbia cívica lo que durante los últimos 30 años hemos hecho con el Lago San Pablo.
Si apelamos a una mínima parte de nuestra conciencia cívica y amaramos al lugar donde vivimos; estoy seguro que la vergüenza sería incontrolable al ver como seguimos matando al mejor espejo de agua que tiene el Ecuador y que está en el patio de nuestras casas.
No hace falta demostrar lo evidente. Basura botada desde las puertas de los buses, luego arrastrada por las lluvias y el viento, animales muertos en las orillas, cañerías públicas y privadas cuyo destino son las aguas del Lago, criaderos de animales domésticos cuyas descargas terminan en sus orillas, cultivos agrícolas sin control…explican lo que hace poco la justicia reconoció como violación a los derechos del Lago San Pablo o Imbakucha.
El juez que dictaminó la sentencia de viollación a los derechos del Lago San Pablo, entendió mejor que 3 alcaldes, más de 27 concejales y más de cinco decenas de vocales de las juntas parroquiales que durante 25 años ni siquiera imaginaron que el Lago hace años se convirtió en un vertedero de residuos de toda naturaleza que terminan por contaminar hasta el Océano Pacífico, por la Cuenca del Río Mira. Esto es tan vergonzoso, por que mientras Cuenca y Guayaquil a través de sus empresa públicas tratan casi el cien por ciento de sus aguas residuales, Otavalo no llega ni al 1 por ciento. ¡Reprochable!
Esto NO es falta de recursos o presupuesto como siempre dicen: es negligencia, incompetencia, desidia e indiferencia. Es no amar al lugar donde hemos decidido vivir.
La sentencia judicial de junio de 2025 reconoce la violación de derechos del Lago y establece la construcción de un Plan de Remediación Ambiental para restaurar las áreas afectadas y garantizar un sistema sostenible de tratamiento de aguas residuales.
Vista así la sentencia es de facil cumplimiento y le facilitó a la actual administración municipal una nueva oportunidad para que pueda efectivamente demostrar si tiene o no, la capacidad de ejercer el liderazgo que demanda un problema ambiental de esta envergadura.
Es casí un año y hasta el momento nadie sabe si se ha cumplido o no alguna parte de la sentencia. Y lo peor es que una vez más comprobamos la incapacidad de la actual adminisitración municipal para generar un espacio de Diálogo y Consenso cantonal alrededor de esta realidad. En resumen Otavalo volvió a perder una nueva oportunidad de empezar a compartir una responsabilidad que nos debe pesar a todos.
La sentencia no ordena cumplir acciones abstractas o ilusiorias. Ordena construir el Plan de Remediación Ambiental. El juez le ordenó a la alcaldia y a la Empresa de Agua Potable EMAPAO, hacer lo que que cualquier alcalde serio y responsable debió heberlo hecho años atrás. La clave de esta sentancia está en que le ordena a la alcaldía que ese Plan se construya con todos los ciudadanos e instituciones públicas y privadas. El problema es que esa parte la alcaldesa no entiende de qué se trata.
A partir de dicha sentencia, por testimonios e información pública sabemos que se ha cumplido menos de a medias y hasta ahora se desconoce qué acciones concretas han emprendido los sancionados para cumplir lo dispuesto por el juez.
A eso hay que sumarle la sanción impuesta por el Ministerio de ambiente a la Alcaldia y la Empresa de Agua Potable de más de 20 mil dolares porque las aguas del Lago concentran elevados niveles de coliformes, aceites, microplásticos y basura que llegan a la cuenca por que las plantas de tratamiento no funcionan.
Como siempre y sin que deba causarnos sorpresas la autodenominada Alcaldía Ciudadana-que de ciudadana no tiene nada-empezó con la perolata: no hay presupuesto. Tenemos un deficit presupuestario. No es nuestra responsabilidad. Son consecuencias de lo que no se hizo anteriormente. Pese a ello, a reganadientas y con mala voluntad, dijeron que convocaban a un foro para conformar las famosas mesas técnicas. Curiosamente, a esas convocatorias llegan más de 10 funcionarios municipales, todos con la consigna de que actores críticos con la administración no deben participar de la convocatoria.
Mientras esa función de circo burocrático se desarrolla, las páginas de redes sociales de la alcaldesa publican empalagosas fotos de ella con bolsa en mano disque limpiando las orillas del Lago o posando en fotos de reuniones llamadas técnicas que nadie sabe para qué se reunieron. Esos son los disfraces con los que la actual administración municipal busca maquillar la pestilencia, la indiferencia y el desorden de la pesada inoperancia municipal, en contra de la Cuenca del Lago San Pablo.
Pese a que la sentencia pueda significar un llamado de atención con puntos obligatorios a cumplir, hay que considerar que guarda un vacio con el que los sancionados podrán reirse y tomarnos el pelo como siempre lo han hecho. El vacío está en que dicha sentencia, omitió establecer indicadores especificos a través de los cuales se pueda saber exactamente qué cosas reales y acciones puntuales se han hecho para remediar las zonas afectadas.
Ese vacio, es el mejor pretexto para que cualquier improvización, cualquier declaración con tufo a mentira y amplificada en megáfono, pueda ser presentada como la gran cosa frente a la delicada situación de la Cuenca del Lago.
Mientras todo eso sucede, Otavalo no cuenta con ningun Plan de Acción que contemple un proyecto para purificar las aguas residuales y progresivamente en el menor tiempo posible alcanzar a purificar el cien por ciento de las aguas negras. Recuperar los paisajes. Remediar las zonas destruidas por la contaminación. Conservar lo poco del patrimonio natural que queda en pie y reforestar todo donde técnicamente sea posible para cumplir lo que la Organización Mundial de la Salud dice que deben plantarse, un árbol por cada 3 habitantes.
De esto nadie quiere hablar. A nadie le importa y todos creen que por el mero hecho de que exista la sentencia el Lago San Pablo se recuperá.
La Cuenca del Lago San Pablo merece un modelo de gobernanza que trascienda lo coyuntural. Espera decisiones firmes que enmarcadas en un plan del que todos seamos parte para saber qué hacer y con quiénes contar a la hora de asumir responsabilidades que por décadas las autoridades locales las evadieron.
Necesita de indicadores, de personas reales, responsables de acciones especificas, de un presupuesto sostenible, de financiamiento local, de la cooperación internacional, de una participación ciudadana auténtica que no use el megáfono y los lentes de las cámaras para hablar de contaminación.
Necesita de voluntad política y una ciudadanía cívicamente empoderada, para dejar el maquillaje de lo fétido de esta realidad.
Necesita de un alcalde que entienda qué decisiones tomar para evitar que se convierta en una nueva Yahuarcocha.
¿Qué harías para cambiar la realidad de la Cuenca del Lago San Pablo? ¿Cuál sería tú compromiso para evitar su destrucción total? Escríbenos y deja tú mensaje.
