Una reflexión antes de empezar: ¿De quién son los problemas que vivimos?

Comparte y construyamos juntos el Otavalo que soñamos

Cuando hablamos de autoridades, cualquiera sea esta, siempre apuntamos el dedo inquisitivo hacia ellos y empezamos a hablar de aquellos como si estos no hubiesen sido elegidos por nosotros. Esta es la idea que quiero plantear para entender la serie de publicaciones que realizaré en este espacio.

Es indiscutible que elegimos autoridades para que resuelvan nuestros problemas. Lo hacemos con la confianza ciega de que, al ser tan cercanos y vecinos a nuestra vida diaria, ellos tendrán que encargarse de sanar todos nuestros males. Esa confianza de ciega afectividad hacia quien elegimos, hace que nosotros evitemos percatarnos de una serie de acciones que como ciudadanos cometemos con “sutileza”, mientras disimulamos ser parte de un sistema de errores, del cual suponemos no pertenecer.

Pero, así no lo aceptemos, ese sistema nos ha engullido y somos parte cuando:

  • Rebasamos los límites de velocidad en zonas urbanas y aceleramos los motores de las motos para anticipar que nosotros dominamos las calles completas.
  • Compramos accesorios y tecnología en la calle sin solicitar factura de origen del producto.
  • Bloqueamos el paso cuando queremos y lo hacemos por cualquier motivo.
  • Masticamos chicle y, cuando ya no queremos, lo botamos en cualquier espacio público.
  • Empujamos la basura a la vereda vecina.
  • Nos orinamos en cualquier esquina, parque, zona oscura o tras la puerta de un vehículo para psicológicamente decir que nos cubrimos.
  • Escupimos cualquier saliva en cualquier acera y sacamos a nuestros perros para que hagan sus necesidades en el parque o las veredas.
  • Nos embriagamos en la fiesta municipal gratuita al son de la música de cualquier artista extranjero que se lleva decenas de miles de dólares, mientras a los nuestros ni siquiera tienen derecho a un escenario de calidad.
  • Creemos en la folclorización que las autoridades hacen de nuestra cultura y suponemos que eso es buena convivencia.
  • Nos arrebataron el derecho a la propiedad cuando el Municipio no agiliza los trámites de escrituración de nuestros predios.
  • Miramos impávidos que cada alcalde construye obras millonarias inútiles e inservibles.
  • Guardamos silencio cuando alcalde y concejales de turno llegan al Municipio con su autodenominado “equipo de trabajo” -que en realidad es su gru-PILLO de amigos- a recibir onerosos sueldos municipales pagados por nosotros.
  • Diariamente contaminamos el Lago San Pablo y nadie se inmuta por su inminente colapso ambiental.
  • Creamos puestos de trabajo para los amigos exclusivos de alcaldes y concejales de turno y les pagamos sueldos que al año, por cada nuevo empleado municipal, nos cuesta más de 25 mil dólares.
  • Contratamos consultorías inservibles para remodelar parques, levantar adoquines, colocar alcantarillado y agua potable que en la mayoría de casos se tardan más de un año 8 meses para hacer 2 kilómetros.
  • Nadie se explica las razones por las que todas las obras -o al menos las de montos económicos altos-, misteriosamente acumulan más de un contrato complementario y terminan por costar más del doble del presupuesto inicial.
  • Decidimos adoquinar calles y sectores sólo para incrementar la plusvalía de las propiedades de los amigos y familiares cercanos a alcalde y concejales de turno. Obras que al no tener sustento técnico terminan en el barranco.
  • Construimos estadios, mercados, plazas denominadas cívicas, plantas de tratamiento de aguas residuales a valores millonarios, todas inservibles. Nadie se inmuta frente a la desvergonzada forma de derrochar el dinero de todos.
  • Gastamos como millonarios y destinamos más del 80 por ciento de la recaudación tributaria al pago de sueldos de los amigos del alcalde y concejales de turno.
  • Creemos y ostentamos la amistad de un “amigo/a, sapo, oportunista, mojigato que siendo concejal, generente de la empresa de Agua Potable, Registrador de la Propiedad o Secretario del Concejo Municipal hacen fortuna o intentaron hacerla a espaldas de todos.
  • Nos quejamos, insultamos, creamos perfiles de redes sociales falsos, inventamos delitos en contra de personas que defienden valores éticos y principios morales solo porque esa persona no pertenece al gru-PILLO de la sapada y solapada corruptela.
  • Suponemos que está bien el hecho de que cualquier aspirante a político sea informal, soez, procaz, chistoso, antipático, chabacano y promotor de chistes de mal gusto.
  • Creemos que es normal el oportunismo de personajes que por satisfacer sus ambiciones particulares se juntan para firmar certificados de discapacidad, revisiones vehiculares falsas, matrículas para sus vehículos robados, reparti de las ayudas sociales del Estado entre ellos mismo… y luego como entre ellos no se ponen de acuerdo en cómo repartirse el botín entre ellos se victimización para encubrir su solapada y acostumbrada mojigatería. etc, etc, etc …

Todo esto, aunque sea autodestructivo para el futuro de todos, hoy en día es parte de un círculo convertido en sistema, del que no queremos hacernos cargo. Hemos llegado al punto de convertir a ello, en un hábito visto por todos, como normal.

Es por esa razón, que el sistema de gobierno de nuestro cantón está roto y se asemeja al estado físico de nuestras calles y veredas, donde el uso y el abuso de quienes transitamos, más el desinterés de alcaldes, concejales y vocales de las Juntas Parroquiales, han roto nuestra convivencia ciudadana.

Así estamos, en Otavalo. Somos un cantón caotizado por el desorden y la indiferencia; que para encubrirla acudimos a la improvisación como paliativo al estado de postración e inmovilismo en el que nos encontramos. Lo hacemos sin ser conscientes de aquello y perseveramos en la misma receta que nunca ha funcionado. Cometemos los mismos errores, mientras negamos seguir equivocados.

Por esa razón es que Otavalo ha caído preso de la improvisación y la informalidad política que dejaron de ser una excepción inaceptable y se convirtieron en un cáncer, que metódicamente pasó a formar parte del paisaje.

Por ello, la salud cívica, ciudadana y política de Otavalo merece la compresión particular de cada uno de sus males. Una disección que permita amputar el origen de nuestras dolencias, para saber con precisión, qué es lo que hay que hacer en cada parroquia y en cada barrio de nuestro Bicentenario cantón. Si empezamos con ello, evitaremos que la desproporción entre el ego y la inteligencia de unos avezados, les haga suponerse autoridades municipales.

En esas condiciones la crítica, jamás puede considerarse sinónimo de confrontación, amenaza, o resentimiento. Al contrario, pasa a ser un intento por provocar una reflexión con la cual nos propongamos identificar: a los graciosos sin estilo, a los procaces vanidosos y chabacanos, a los opinólogos chulqueros, a los oportunistas mojigatos, a los corruptos y a los megafoneros gritones; para exigirles honestidad, seriedad, decencia y responsabilidad política.

Si nos decidimos por aquello, nos daremos cuenta que sí separamos la paja de la semilla, en Otavalo existimos ciudadanos capaces de imponer autoridad y rumbo para volver a levantarnos.

Para encontrar esa dirección que reclamamos; y abandonar esa pasividad en la que nos encontramos; –TODOS– estamos convocados a responder la pregunta: ¿cuál es el Otavalo que queremos y soñamos construir?

Y la respuesta la encontraremos en cada motivación cívica, ciudadana y política que tenga claro el diagnóstico y las propuestas de acciones y decisiones inspiradas en IDEAS que guíen las decisiones de aquellos que propongan firmeza, capacidad, visión para construir políticas públicas municipales, para el Otavalo que todos anhelamos.

Para mudarnos a ese nuevo sistema debemos abandonar la indiferencia.

¿Estás dispuesto a ser parte de la solución o quieres seguir siendo cómplice del desorden, el caos, la corrupción, la demagogia…? Déjanos tú mensaje y empecemos a construir el futuro que soñamos y queremos.


Comparte y construyamos juntos el Otavalo que soñamos

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