PROPUESTA #1¿Cómo reparar nuestro autoestima roto?

Comparte y construyamos juntos el Otavalo que soñamos

Vivo en Otavalo desde mi primer año de edad y por fortuna de la vida tuve la maravillosa oportunidad de desarrollar mi infancia en la zona rural, mi adolescencia en la zona urbana, mi etapa universitaria transitarla citadinamente en Quito y posteriormente vivir en Madrid, mientras cursaba mi maestría.

Quizá esa sea una de las razones por las cuales he forjado una visión que persiste en aprender cosas nuevas de cada lugar en el que he estado. Y si algo he aprendido ha sido a identificar en las personas con las que he compartido, ciertos comportamientos que nos hacen únicos. De esa experiencia, aprendí que siempre llevamos a donde quiera que vamos; una parte de nuestras costumbres, tradiciones, comportamientos y afectos del lugar al que pertenecemos. Esa es una característica humana universal. Un distintivo, que bien puede ser considerado el ADN que nos hace culturalmente diferentes.

Pero, ese sentimiento, sufre un golpe cuando regresamos a nuestra casa y pese a que nos sentimos muy a gusto de regresar al lugar de donde somos; de vuelta a nuestras calles, plazas, comercios, supermercados, lagos, lagunas, senderos, cascadas, sitios arqueológicos… nos percatamos que las cosas siguen como estuvieron antes de irnos: calles sucias, caos en el comercio, contaminación visual y auditiva, nula educación ciudadana para la convivencia, contaminación de nuestros lagos y lagunas, calles y vías destrozadas, fauna urbana olvidada… y el Municipio convertido en despensa particular del grupo de amigos y familiares de alcaldes y concejales de turno, etc., etc., etc.

Entonces, la pregunta es: ¿Qué nos hace falta para combinar ese amor que sentimos por nuestra tierra con la necesidad de transformarla en lo que soñamos?

Hoy quiero invitarles a imaginar que esa realidad es posible construir. Hago esta invitación porque los ciudadanos estamos obligados a inspirar nuestras acciones en una vocación apasionada por ese tipo de servicio público que transforma la vida de todos. Para lograr esa meta hace falta trazarnos objetivos que al ser comunes a todos, seamos nosotros quienes decidamos modificar el curso de la realidad en la que vivimos. Para cumplir ese sueño, los otavaleños podríamos empezar a pensar en estas aspiraciones:

  • Elegir alcalde, concejales, vocales de las Juntas Parroquiales cuya entrega cívica por el servicio público les permita contar con ideas claras de lo que se debe hacer para superar los problemas que nos aquejan. En definitiva, anhelamos saber que merecemos políticos con ideas. Así evitamos que un puñado de ganapanes mensuales lleguen a la función pública sin entender ni por qué, ni para qué llegaron.
  • Vivir en un Otavalo donde todos sepamos con exactitud cuál es el concepto de desarrollo, con reglas y caracterizaciones técnicas claras de acuerdo a las condiciones geográficas de cada sector para saber qué tipo de cantón queremos construir. Con esa visión lograríamos concentrar los esfuerzos de todos en la construcción de un proyecto compartido con una misma idea del Bien Común.
    Así, evitaríamos que el cantón crezca a fuerza de exigencia de quienes quieren legalizar urbanizaciones, lotizaciones… etc., etc., etc., para beneficiarse de los servicios básicos que todos pagamos. Es momento de parar aquello y quitarles el poder a los amigos y familiares del alcalde de turno que convirtieron al municipio en despensa de sus intereses particulares.
  • Vivir en un Otavalo donde niños y jóvenes, hombres y mujeres, indígenas y mestizos —TODOS— seamos orgullosos de nuestra cultura e identidad. Esto es posible porque nuestra música, gastronomía, costumbres, conocimientos ancestrales y tradiciones puedan ser expuestas en cualquier escenario del mundo, para reivindicar lo que somos y representamos.
    Así, nunca más escucharemos prejuicios raciales en frases como: “soy blanqueada y mejorada”, “longo atrevido, qué te crees igualado” y también evitaríamos complejos de superioridad de aquellos que por sus propias capacidades no pudieron trascender y se sienten afectados cuando alguien les da una lección de sencillez y don de gente con lo cual evitaríamos escuchar cuestionamientos excluyentes como estos: ¿hijo de quién es? ¿Qué se cree? ¿De dónde ha salido? ¿Debe regresarse a su montaña? ¿Longo no más es? ¿Chagra de dónde es?
  • Lograríamos convivir en un Otavalo donde quienes viven en Barrio Nuevo, en San Luis comunidades de la parroquia Selva Alegre, o quienes radican en Padres Chupa de la Parroquia San José de Quichinche, o los habitantes de Huayrapungo, de la parroquia Pataquí sepan que ellos también son otavaleños porque quienes vivimos en la zona urbana reconocemos su existencia y trabajo. Lo haríamos cuando la zona urbana decida comprar lo que producen. Así lograríamos que nuestro dinero circule en nuestros propios bolsillos. Solo entonces el capital retornaría a quienes lo generan y empezaríamos a comprender que la zona rural es complementaria de la urbana y viceversa.
  • Seríamos orgullos de ser dueños del mejor complejo turístico natural del mundo. Porque convertiríamos a la Cuenca del Lago San Pablo en el mejor lugar de turismo sostenible. Lo conseguiríamos porque —TODOS— cumpliríamos un ACUERDO CANTONAL para recuperar, remediar, conservar y reforestar. Con ello, empezaríamos a tratar las aguas residuales, las aguas lluvia y a manejar técnicamente los desechos sólidos.
  • Disfrutaríamos de todas y cada una de nuestras manifestaciones culturales expresadas en nuestra inigualable música, única vestimenta, exquisita gastronomía, místicos ritos-rituales y costumbres milenarias que nos convierten en un pueblo capaz de ofrecerle al mundo varios tipos de turismo y en cualquier época del año.
  • Llegaríamos a los mejores mercados de artesanía del mundo porque la denominación de origen de nuestros productos nos ubicaría en el top de los mejores trabajos elaborados por manos de hombres y mujeres orgullosos de su habilidad y talento.
  • Podríamos convertir a la Cascada de Peguche en el punto de encuentro de toda nuestra cultura para transformarla en el epicentro de estadía de los nómadas digitales. Con ese plan lograríamos contar con embajadores gratuitos de lo que somos y tenemos.
  • Contaríamos con una red de museos ubicados en la zona urbana, que vinculados a sitios arqueológicos patrimoniales de la zona rural, puedan contar nuestra historia de más de 26 mil años.
  • Podríamos transformar a la Escuela Valle del Amanecer en el mejor modelo pedagógico para que se convierta en una institución que forme, prepare y guíe la instrucción de la niñez y la juventud en habilidades para el siglo XXI.
  • Disfrutaríamos del derecho a la ciudad porque caminaríamos por calles limpias, ordenadas, seguras, cómodas y con una fauna urbana correctamente gestionada.
  • Convertiríamos a Mojanda en el activo natural más importante para nuestra supervivencia por ser el proveedor de agua potable para las zonas urbanas y rurales.
  • Construiríamos un primer Parque Aromático del norte del país, para recuperar cada una de nuestras plantas nativas-ancestrales y así generar experiencias sensoriales únicas en turistas nacionales y extranjeros.
  • Aprovecharíamos los residuos y desechos sólidos tal y como lo hacen en otras ciudades equivalentes a la nuestra, para convertir la basura en ingresos de aquellos otavaleños que le apuestan a la conservación y sostenibilidad.
  • Diseñaríamos un modelo de funcionamiento municipal moderno, capaz de resolver nuestros problemas, sin que a ningún funcionario se le ocurra solicitar nada a cambio por cumplir su responsabilidad. Así todos sabríaos que podemos contar con un municipio digitalizado que está del lado de la gente y no de intereses exclusivamente particulares.
  • En el Municipio los cargos ejecutivos y operativos estarían dirigidos por profesionales hombres y mujeres, indígenas y mestizos otavaleños. Así, lograríamos que dichos profesionales ejerzan su trabajo con amor a su tierra. No les negaríamos un oportunidad que todos ellos se merecen.
  • Contaríamos con un capital semilla, destinado a impulsar proyectos e ideas innovadoras de jóvenes que se dedican a promocionar la cultura, aprovechar las oportunidades tecnológicas, conservar y proteger el medio ambiente.
  • Todas las pequeñas y medianas empresas contarían con incentivos tributarios por su compromiso con la protección, cuidado y conservación ambiental, fomento e impulso de nuestras prácticas culturales.

¿Ahora quién paga y quién gana?

Si nos disponemos a ordenar la casa y transformamos la indiferencia con la que alcaldes, concejales y vocales de las Juntas Parroquiales actúan; en trabajo eficiente, sin mezquindades y ambiciones particulares, contaríamos con una municipalidad moderna y transparente.

Sólo ese hecho nos permitiría gestionar recursos de la Cooperación Internacional dispuesta a invertir dinero donde haya políticos técnicamente capaces de sostener proyectos de la envergadura de los que necesitamos. Si no demostramos decencia, eficiencia, honestidad… a la hora de manejar los dineros públicos permitiremos que la desconfianza de los dueños del dinero, termine por esquilmar todo lo que debemos recuperar.

Esa es la primera tarea con la que hace 20 años debimos empezar el nuevo siglo para llegar al 31 de octubre de 2029 y poder contar con innumerables razones para celebrar nuestro primer Bicentenario.

¿Qué ideas más crees que deben alimentar esta visión? Únete a este debate. Construyamos juntos el Otavalo que queremos y soñamos.


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