PROPUESTA #9: ¿Es realmente la alcaldía de Otavalo una alcaldía ciudadana?

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Desde hace unos años, el ejercicio de la política en el Ecuador sufrió una especie de atolondramiento léxico, con el que ciertos personajes supusieron que, mientras más adornaban sus discursos con adjetivos, calificativos y los acompañan de un albañal de lugares comunes, simulan ser más democráticos.

Esa situación se vuelve crítica cuando gran parte de ecuatorianos no se percataron de que la utilización abusiva y deshonesta de ciertos conceptos relacionados con la democracia terminó por liquidar la necesidad de contar con ideas serias, coherentes y académicamente sustentadas a la hora de discutir y confrontar posiciones ideológicas.

La manipulación indecente de conceptos como ciudadanía, participación ciudadana, transparencia, progreso, libertad de expresión, silla vacía… terminaron trillados por la forma maniquea y acomodaticia con la que, criollamente, los aplicaron para hacer creer que las intenciones eran democráticas.

Quizá uno de los conceptos más elevados de la ciencia política tenga que ver con el fundamento doctrinario y filosófico de la noción de ciudadanía. Para efectos de esta publicación, me referiré a las características en las que debe sostenerse una institución pública para que pueda considerarse como «ciudadana».

Una institución pública, para que adquiera esa denominación, necesita que su modelo de funcionamiento se base en: 1) Apertura para involucrar a la población en la toma de decisiones (construir políticas públicas, discutir y aprobar ordenanzas…); 2) Organizar el presupuesto Municipal de la mano de la gente; y 3) Abrir los datos institucionales para que quien quiera pueda informarse de lo que hace con los recursos y la toma de decisiones del poder político.

Este conjunto de características contrasta con el evidente desorden al que la actual administración ha conducido a la Municipalidad de Otavalo. El funcionamiento institucional no cumple ni una sola de estas características.

El concepto de ciudadanía terminó destrozado por la palabrería de un grupo de políticos megafoneros entusiasmados en crear una versión democrática a la criolla, donde la objetividad académica sucumba al lirismo mediocre. Eso es lo que pasó con muchos de los conceptos que, en boca de megafoneros de calle bulliciosa, terminaron vaciados de sentido. Eso es lo que pasa con la expresión autodenominada Alcaldía Ciudadana de Otavalo. Una etiqueta lírica que ni siquiera alcanza a ser parte de la escenografía, porque, hasta la fecha, ningún ciudadano siente que efectivamente haya sido escuchado o al menos recibido a la hora de tomar decisiones que influyan en su futuro.

Para graficar esta realidad en esta publicación, registro algunos argumentos que dejan en evidencia la tomadura de pelo de la desubicada etiqueta:

  • La alcaldesa, con la anuencia y el silencio cómplice de los concejales, reorganizó el orgánico funcional de la Municipalidad y contrataron a profesionales que, sin ser otavaleños, ocuparon más del 80 por ciento de los cargos ejecutivos de la Municipalidad. Con esa acción, fueron ignorados todos los profesionales otavaleños.
  • Inconsultamente, contrataron una consultoría por más de 60 mil dólares para que «actualice el catastro». No sirvió de nada porque, finalmente y de manera discrecional, fijaron los impuestos sin sustento técnico.
  • El responsable de seguridad ciudadana no puede gestionar el trabajo de los comerciantes ambulantes, y los agentes terminaron agrediendo física y verbalmente a mujeres otavaleñas que buscan un espacio para trabajar con dignidad.
  • Los empleados de la alcaldía aprovechan su momento de poder y llaman la atención a los periodistas con argumentos como: «mucho le molestan a la administración municipal», «con sus declaraciones estamos teniendo muchos problemas». Los periodistas les ofrecen espacios para entrevistas y los mismos empleados de la Alcaldía les dicen: si desean una entrevista con la alcaldesa, lo hacemos con este formato de preguntas.
  • Los cargos ejecutivos creados en esta administración municipal fueron copados por personajes que no tienen la más remota idea de cómo ejercerlos, porque su perfil profesional no se ajusta al requerimiento.
  • Las principales calles de la ciudad no dan para más. Están rotas y despedazadas, pero a ningún empleado de la alcaldía se le ocurre repararlas.
  • La mayor parte de los presupuestos para las fiestas del Yamor terminan cancelando millonarios contratos a artistas extranjeros, mientras los otavaleños ni siquiera tienen el derecho a un escenario de calidad.
  • La alcaldesa y los «técnicos» del Municipio no comprenden las demandas de los ciudadanos para que, en determinados tramos de alcantarillado, se apliquen características técnicas antes, durante y después de su ejecución, para evitar el colapso de las obras. Ninguno entiende el requerimiento.
  • La alcaldía decide ejecutar obras de adoquinado solo para elevar el costo en la plusvalía de propiedades de parientes de determinada concejala. Obras que, al ser mal hechas, terminan en el barranco.
  • La administración municipal, por orden judicial, está obligada a cumplir un dictamen jurídico para evitar la contaminación del Río Tejar. En su fallido intento por cumplir la sentencia, convoca a reuniones solo a sus aliados, afines y allegados.
  • Son 3 años de la alcaldesa en el poder y hasta ahora no ha logrado construir una relación institucional clara con los gobiernos parroquiales.
  • Esta administración municipal, en contra del derecho a la ciudad, permitió que las trabajadoras sexuales se tomen el parque central.
  • Esta administración municipal nunca se percató de la ineptitud e inoperancia de un exgerente de la Empresa de Agua Potable que, mientras fungía las funciones de Gerente de EMAPAO, dictaba clases en la Universidad de la ciudad.
  • La alcaldesa representa una alcaldía que, con acciones de desprecio a la vestimenta, a la comida y a las costumbres, termina por sutilmente ventilar sus odios y complejos raciales.

Esta pequeña lista de hechos demuestra que estos personajes, desprovistos de honestidad intelectual, buscan normalizar lo ficticio como paso previo para garantizar su indiferencia frente a todo.

Todo este antecedente nos obliga a emprender una reflexión seria sobre qué requisitos académicos, morales, éticos y profesionales deben reunir los políticos para ser candidatos y, posteriormente, ejercer funciones de representación pública. Esa facultad está en manos de nosotros los ciudadanos, quienes finalmente debemos decidir a quién encargarle las delicadas funciones de gestionar la política.

Si soñamos y queremos políticos académicamente decentes e intelectualmente honestos, es momento de empezar a separar la semilla de las polillas.

¿Has sentido tú también que las puertas de esta ‘alcaldía ciudadana’ están cerradas para los verdaderos problemas de Otavalo? ¿Qué otra acción sumarías a esta lista de desconexión municipal? Déjanos tu opinión en los comentarios; tu voz es el primer paso para exigir el respeto que nuestra ciudad merece.


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