
En los últimos 15 años y, con mayor radicalidad, durante los últimos 5, los otavaleños testificamos diariamente lo siguiente:
En el Municipio nunca se ponen de acuerdo sobre los procedimientos formales para resolver los problemas ciudadanos, y los empleados operan a la carta, como si los procesos no debieran ser estandarizados para evitar cualquier acción que implique duplicar claves catastrales, otorgar fichas catastrales a cualquiera que se cree dueño de A o B propiedad, legitimar derechos de posesión sin sentencias ejecutoriadas o tratar de favorecer a sus amigos con los agenciosos oficios de compadres.
De eso lo sabemos y, en mi caso, conozco de sobra porque en mi familia fuimos víctimas de esas acciones con las que intentaron usurparnos una propiedad. Sobre el detalle de los hechos, me referiré en alguna otra publicación. Por ahora explicaré el origen de la inoperancia y la normalización del conformismo.
En el contexto en el que explico, es fácil deducir que el problema se origina:
En la abultada burocracia municipal. Los alcaldes y concejales de turno contratan empleados sin siquiera preguntarse si son o no útiles. Y los contratados llegan a engrosar la nómina municipal sin saber qué funciones desempeñar. Los nuevos empleados, que llegan en condiciones de desubicación profesional, buscan sentarse en las dependencias municipales y lo hacen a fuerza de desplazamiento de quienes por años acumularon conocimientos y experiencia. Así, alcaldes y concejales truncan la capacidad de nuestro propio talento humano. Estos hechos hacen que cada nuevo favorecido por la cobertura burocrática del alcalde y concejales de turno llegue a su nuevo cargo con inventos, suposiciones y disposiciones de nuevos procedimientos incoherentes a nuestra realidad. Cada nuevo empleado labioso y salamero llega a ese cargo y luego pasa a otro que se convierte en la exaltación a su mediocridad. Y esto pasa de la mano de personajes que ni siquiera son otavaleños.
Así nace la inoperancia, la ineficiencia, el desorden, la corrupción y la falta de procesos institucionales claros y estandarizados. Es por ello que, cuando un otavaleño requiere un servicio de cualquier dependencia municipal, termina hostigado y asfixiado por empleados pagados para torpedear e imponer trabas a procesos que exigen acciones técnicas específicas y eficientes.
Ese es el antecedente que alimenta la existencia de una red que, por inercia, termina por legitimar a los dueños del carpeteo municipal. Con lo cual no es de extrañarse que determinadas personas, asociadas a exregistradores de la propiedad, exconcejalas… recepten 20 dólares como valor inicial para llevar trámites dentro de la municipalidad. Claro, las oficinas de topografía de estas características se afincan alrededor del municipio, porque quienes las dirigen siempre quieren estar cerca del botín tramitador.
Mientras estos personajes apilan el sinnúmero de carpetas del mayor número de ciudadanos desesperados o desahuciados por un trámite inconcluso, el sistema nos obliga a todos a normalizar la resignación conformista de la mano de quienes se han adiestrado en saber cuándo y con quiénes deben y se puede aplicar cualquier cobro extra a todos los trámites requeridos.
Entonces, la mentada ingeniería institucional por procesos se convierte en adorno superfluo para justificar las asignaciones presupuestarias con las que cada departamento rifa el presupuesto municipal para contratar y engrosar la nómina con los amigos del alcalde.
Esa lógica se repite durante 4 años; A o B administración que durante su periodo hacen lo que mejor pueden por amoldar las dependencias municipales a los intereses suyos y de sus amigos. Lo caótico de esta realidad llega al punto en el que, si a un director le gusta una determinada silla, sus compañeros de trabajo deben complacerle así no se haya hecho el descargo administrativo del caso. Y lo que es peor, si el responsable de esos bienes le indica que debe hacer el trámite administrativo del caso, este acude al racismo a ofender e insultar a quien le exige comportamientos de respeto, orden y disciplina laboral.
Estas prácticas vergonzosas apenas representan la punta de un ovillo de problemas que, durante los últimos 5 años, se han institucionalizado para hacer que todo funcione mal y cada día generen más decepción y desesperanza.
¿Te has sentido hostigado, asfixiado o víctima del ‘carpeteo’ al intentar hacer un trámite en el Municipio? No estás solo. Cuéntanos tu experiencia en los comentarios. Es momento de romper el conformismo y exigir una administración transparente que respete nuestro tiempo y nuestros derechos.

Lamentablemente en este tema muy bien explicado por el señor Varela, hemos retrocedido muchos años, no se ve, ni se siente, ni el más mínimo compromiso con el cantón y sus ciudadanos de parte de los funcionarios y trabajadores municipales. Les importa poco o nada justificar el suelto que pagamos los otavaleños. Ni siquiera han podido solucionar el problema de la basura y el desorden en los espacios públicos. Qué pena!!!