PROPUESTA #7: Pantallas para promocionar la desconocida imagen de una alcaldía vacía.

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Al término de la administración municipal anterior, el deficiente director administrativo, con el argumento de actualizar la nomenclatura de la ciudad y promocionar turística y culturalmente el cantón, pagó un contrato para la colocación de pantallas verticales en el tramo de la calle Bolívar, comprendido entre las calles Neptalí Ordóñez y Juan Montalvo.

Oportunamente, advertimos que el mencionado contrato era inútil e inconsulto. Primero, porque llenar de más postes y pedestales la ciudad es atentar contra el derecho a circular con comodidad; y segundo, porque la actualización de la nomenclatura debía seguir patrones urbanísticos de la mayoría de ciudades alrededor del mundo. En Madrid, Quito, Bogotá, París… los nombres de las calles están colocados en las esquinas de las paredes de las edificaciones que dan a las intersecciones de calles y avenidas. Funciona así porque, de esa manera, los peatones no tienen obstáculos de movilidad en las calles y visualmente es asequible para saber ubicar los destinos de la ciudad.

Si consultamos a cualquier arquitecto o urbanista, con elementales criterios de planificación, vamos a descubrir que dicha colocación no tenía ninguna utilidad, así se haya querido maquillar el propósito. Para efectos de esta publicación, explicaré un solo argumento. El diseño arquitectónico de la calle Bolívar, a la que le hace falta simetría en sus edificaciones y veredas, el abultado tráfico vehicular y la congestión del centro de la ciudad en determinadas horas, impide a las personas detenerse a mirar dichas pantallas. En la zona, poca gente reparará en su existencia. Si a eso le sumamos la preocupación por esquivar el tránsito, la necesidad de encontrar un parqueadero, la circulación de bicicletas, motos, la urgencia por cruzar las calles para llegar al destino; son hechos que imposibilitan que las personas se percaten siquiera de lo que se pretenda difundir en dichas pantallas.

Pese a esa lógica, tenía que existir un pretexto solapado, como solapada fue la defensa que los dueños del Municipio de aquella época hicieron del contrato y terminaron por pagar la compra de esa alcaldía, que terminó carcomida por un grupo de negligentes que encerró al alcalde en una serie de novelerías inservibles.

Fue evidente que las pantallas se colocaron para cubrir alguna urgencia financiera de quien quiso hacerse de dicho contrato. Ellos lo hicieron sin que les importe el costo-beneficio de dicha decisión.

Como siempre, ninguno de los concejales dijo nada y las pantallas, más los pedestales metálicos en las esquinas de las calles, pasaron a acompañar a los perros abandonados, a la basura desperdigada y a los chuecos, vetustos y torcidos postes del alumbrado público.

Estos pantallazos de novelería no podían quedar en eso. Alguien tenía que llegar a darles uso. Y qué mejor si lo hacía alguien absolutamente desconocida para la ciudad. Esa obra era precisa para extender la promoción de la desconocida candidata que, una vez en la alcaldía, entendió que, sin que le cueste un centavo de su bolsillo, las pantallas se convertirían en la herramienta perfecta para extender el periodo de campaña electoral enfocado a difundir su imagen. Así se inauguró el maravilloso proyecto de las pantallas en la calle Bolívar y se convirtió en un ejemplo más del desesperante vacío en el que diariamente se desvanece nuestra imagen milenaria de ciudad Sarance.

Entre disfraces folclóricos, videos de abrazos hipócritas y fotos de sonrisas fingidas, las pantallas pasaron a ser un accesorio para difundir propaganda de una alcaldesa cuyos pantallazos no se distinguen de la publicidad de una salchipapa.

Otavalo no necesita más pantallas vacías, necesita un alcalde y concejales que le representen con ideas, acciones y ejerzan sus funciones con vocación por querer hacer las cosas bien. Las calles deben servir para que los otavaleños caminemos con libertad y seguridad y, quizá, esas pantallas —si es que acaso son de buena calidad— sirvan para contar con un circuito cerrado de recopilación de información y publicación de imágenes asociadas a la seguridad ciudadana. Serían útiles en sitios donde los ciudadanos dispongamos de elementales comodidades para mirar y ser conscientes de que existen y son útiles. Es decir, donde podamos ser receptores de información municipal útil. Servirían mejor si estuvieran colocadas en los parques centrales de cada parroquia y en ellas se informara a la ciudadanía tipos de trámites y requisitos para acceder a cada servicio municipal. Deberían servir para honrar la vida y memoria de ilustres otavaleños, hombres y mujeres, indígenas y mestizos, jóvenes y adultos, que diariamente contribuyen a engrandecer nuestros valores cívico-ciudadanos. Servirían si se difundiera la riqueza gastronómica con la que contamos y que quienes puedan mirarla sepan dónde ir a comer. Servirían si formaran parte de un plan de promoción turística pensado en ofertar lo que somos y representamos.

Serían útiles si ahí se difundiera lo que queremos para el San Luis de Otavalo que soñamos. …

Claro, esto sería posible si alcaldesa y concejales utilizaran la cabeza para generar ideas, ejercieran su cargo con vocación y empezaran a devengar el sueldo pagado por todos nosotros.

¿Qué opinas sobre el uso que se le está dando a estas pantallas en la calle Bolívar? ¿Crees que son un obstáculo o una herramienta útil? Déjanos tu comentario y comparte tus ideas para mejorar Otavalo.


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